Educando en la competencia o en el reconocimiento del otro
Resumen del documental y una reflexión para padres: ¿educamos para competir o para reconocer al otro y servir?
21 de agosto de 2023 · 7 min de lecturaCriterio
Andrés Cano, profesor universitario y coach de familias, parte de unos casos de fraude en su clase para preguntarse qué referentes les estamos dando a los jóvenes y qué pueden hacer los padres.

Hace unos días tuve la desafortunada experiencia de descubrir varios casos de fraude escolar en una de mis clases. Algunos dirían que fueron faltas menores: poner el nombre de un compañero en un trabajo en el que no participó, o presentar una evaluación a nombre de otra persona porque estaba cansada y se había ido temprano.
¿Son cosas sin importancia? ¿No vale la pena cuestionarse por eso, cuando hay asuntos mucho más graves de qué preocuparse? Al fin y al cabo, esa evaluación valía el 5 % de la nota de la asignatura.
Creo que sí vale la pena, porque esos fraudes dicen mucho de cómo entendemos hoy los valores.
El fraude escolar es presentar como propio un trabajo, una tarea o una evaluación que uno no hizo, o hacerlo a nombre de otro. Copiar en un examen, firmar un trabajo en grupo sin haber participado o dejar que otro responda por uno son formas de fraude.
Lo grave no es solo la nota. Quien comete fraude aprende que un valor como la honestidad se puede dejar de lado cuando estorba, y que lo importante es el resultado. Ese aprendizaje no se queda en el salón: se lleva al trabajo, a la familia y a la vida pública.
El fraude escolar toma muchas formas. Las más comunes son:
Los casos que descubrí en mi clase fueron de los dos últimos tipos.
Cada colegio y cada universidad fijan en su reglamento o manual de convivencia la sanción que corresponde. Pero las consecuencias más serias no están en el reglamento:
He conversado con varios de mis estudiantes de la universidad sobre su vida: sus metas, su familia, sus relaciones y sus valores, en cada una de sus dimensiones (física, intelectual, espiritual, social y afectiva). Curiosamente, o no tan curiosamente, muchos, cuando hablan de su dimensión espiritual, explican de inmediato que viven su religión «a su manera».
¿Cómo así que a su manera? Pues sí: toman lo que les conviene según el momento que están viviendo.
La publicación original de este texto venía acompañada de una tira de Quino en la que Mafalda conversa con Manolito, el personaje que suele medirlo todo en ganancias. Mafalda echa de menos lo que no se puede comprar ni vender. Bauman lo describe así:
En un mundo de corte empresarial y práctico como este, un mundo en el que se busca el beneficio inmediato, la gestión controlada de la crisis y la limitación de daños, todo aquello que no pueda demostrar su valía instrumental es «un tanto arriesgado».
Bauman, 2006, p. 42.
Los valores morales, espirituales, artísticos y humanos que añora Mafalda, los que ayudan al desarrollo personal y por eso a la felicidad, no suman a las cifras de competitividad ni al «éxito» profesional y laboral del individuo líquido.
De ahí que en una sociedad líquida cada persona acomode a su antojo los valores, y todo lo que pretenda servir de referente, según lo que más le convenga para su propósito: ganar más dinero, tener más estatus, «ser alguien». Y que esas decisiones no se dejen frenar por reparos morales que vengan del contacto con los demás.
El sociólogo polaco Zygmunt Bauman distinguió entre una modernidad sólida y una líquida. En la sólida, las instituciones, los compromisos y los valores estaban pensados para durar. En la líquida, casi nada está hecho para durar: los vínculos, los compromisos y también los valores cambian de forma según la conveniencia del momento, como el agua toma la forma del recipiente que la contiene.
La idea ayuda a entender por qué a muchos jóvenes les cuesta sostener un criterio propio, y por qué el fraude escolar puede parecerles una simple estrategia.
Sobre cómo esta lógica también entra en la manera de educar, escribí en La educación prohibida: resumen y reflexión.
Los referentes líquidos no dejan de ser eso, líquidos. El individuo líquido, como cualquier ser humano, necesita referentes para no vivir en la angustia y la incertidumbre completas. Pero ¿qué pasa con esos referentes?
Me gusta usar esta analogía. Para tener un referente, el individuo líquido toma el líquido y lo solidifica a su manera, como quien congela agua en un molde para hacer hielo. Cada uno escoge el molde según su gusto y su necesidad. Así tiene su referente «sólido».

Sin embargo, al contacto con la sociedad líquida, ese «sólido» se derrite. Entonces hay que buscar un nuevo referente que ocupe el lugar del anterior, esta vez solidificado, probablemente, en otro molde. ¿El resultado? Una necesidad insaciable de construirse a sí mismo sin un fin determinado.
La pregunta por los verdaderos sólidos queda abierta, pero en casa hay mucho que se puede hacer desde ya:
En el Gimnasio Santamaría de la Sabana la formación en valores y en la fe hace parte del horario, no de una clase aparte, y los profesores comparten los principios del colegio. En la secundaria, en nuestra sede de Chía, el Curso de estudiantes virtuosos trabaja identidad, redes sociales, toma de decisiones y proyecto de vida: justo los temas en los que un adolescente necesita referentes que no se derritan. Y en los proyectos con inteligencia artificial los estudiantes aprenden a usarla para crear y pensar, no para copiar.
Conoce cómo se vive la fe en el colegio en formación católica y el curso para adolescentes en programas especiales. Si estás buscando colegio en la Sabana, lee Colegios en Cajicá: cómo elegir el mejor para tu hijo.
¿Es un verdadero sólido o es un líquido solidificado? Y entonces, ¿cuáles son los sólidos? Es un tema que merece una reflexión que espero abordar en otra ocasión.
Es presentar como propio un trabajo, una tarea o una evaluación que uno no hizo, o hacerlo a nombre de otro: por ejemplo, firmar un trabajo en grupo sin haber participado o presentar una evaluación por un compañero.
Los más comunes son copiar en una evaluación, copiar y pegar textos sin citar la fuente, presentar como propio un trabajo hecho por otra persona o por una inteligencia artificial, suplantar a un compañero y firmar un trabajo en el que no se participó.
Además de la sanción que fije el manual de convivencia de cada colegio, el estudiante pierde la oportunidad de aprender, se afecta la confianza con sus profesores y compañeros, y aprende que un valor se puede dejar de lado cuando estorba.
No minimizarlo, preguntarle por qué lo hizo antes de sermonear, dejar que asuma la consecuencia y mostrarle con el ejemplo que los valores de la familia no se acomodan a la conveniencia.
Son conceptos del sociólogo Zygmunt Bauman. La modernidad sólida se apoyaba en instituciones y compromisos pensados para durar; la líquida es una época en la que los vínculos, los compromisos y los valores cambian de forma según la conveniencia del momento.
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